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El blog no está muerto pero como podéis comprobar no puedo dedicarle el tiempo que necesita. Si alguien quiere una breve explicación del parón la encontrará aquí. Iré publicando películas y contestando a los comentarios poco a poco. Gracias por vuestra paciencia, atención e interés.

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miércoles, marzo 04, 2009

El Yang-Tse en Llamas (The Sand Pebbles)

origen de la imagen
Para acabar el ciclo de guerras coloniales en China traigo una de esas películas que rozan la maestría, pero que desgraciadamente se están quedando como joyas clásicas escondidas para el disfrute de los cinéfilos.

También vi "El Yang-Tse en llamas" cuando era pequeño. Concretamente en el programa "Sábado cine". La tengo en la memoria porque fue una de las primeras que vi en la tele en color que había comprado mi padre y también porque es una de las primeras veces que me fuí a la cama más allá de la medianoche. La película dura 3 horas y la echaban con anuncios. Mi madre se fue a dormir hacia la mitad. Mi padre se quedó conmigo viendo las peripecias de Steve McQueen en la destartalada cañonera "USS San Pablo" mientras patrulla el río Yang-Tse en la turbulenta China de 1926.



Aviso, voy a contar detalles de la película. Si no la has visto mejor deja de leer.



La historia me enganchó desde el principio. La tensión y el drama se iban acumulando al mostrarnos a Jake Holman, un maquinista rebelde e individualista interpretado por MacQueen en medio del caos en el que estaba hundida la China de comienzos del siglo XX. La cañonera “San Pablo” es un cascarón que poseía una doble tripulación. Por cada marinero hay un sirviente chino o coolie que hace su labor. Incluso Holman tiene su contrapartida en un “jefe de máquinas” chino. El capitán interpretado por Richard Crenna, es el típico oficial jovenzuelo que prefiere mirar a otro lado y evitarse problemas. También nos muestra su amistad con el marinero Frenchy (Richard Attenborugh) y el chino Po-Han, interpretado por el japonés Mako. Holman conocerá a una misionera (Candice Bergen) de la que se enamorará. Pero la situación se va deteriorando. La cañonera recibe orden de rescatar a los misioneros amenazados por los chinos. El “San Pablo” consigue abrirse camino y llegar hasta los misioneros, unos auténticos idealistas que creen que sus ideas les harán inmunes a las balas. Crenna intenta evacuarlos, pero ellos se niegan. El jefe de los misioneros les dice que se han declarado “apátridas” y que los rebeldes chinos no les harán daño. Era la primera vez que oía esa palabra y le pregunté a mi padre que significaba. Después de escuchar la breve explicación paterna vi como el misionero caía muerto y comprendí que sus ideas no le habían protegido. También vi caer a Richard Crenna porque en ese momento decide dejar de “mirar a otro lado” y cumplir con su deber. El grupo se queda sin líder pero allí estaba Steve MacQueen tomando el mando del grupo y empuñando un BAR conseguía proteger la retirada del grupo con la chica. Cada vez había más chinos, pero estaba convencido de que al final MacQueen se salvaría pues era el bueno y tenía que besar a la chica y entonces...

¡MacQueen recibió un disparo! Se apoyó sobre una columna, se sentó, dijo: Yo estaba en casa, ¿Que ha pasado? ¿Que demonios ha pasado? y ¡¡¡se murió!!!

No podía creérmelo. El protagonista había muerto en el último momento. Y además era Steve MacQueen. No era posible. Yo había visto en otras películas que los “malos alemanes” le capturaban y le encerraban, pero no moría. No podía ser. Le pregunté a mi padre, que como era eso posible. El protagonista no podía morir así. John Wayne moría en “El Alamo” pero de forma heroica y se llevaba por delante un montón de mejicanos. Aquí era un puñado de chinos matando a MacQueen y se moría sentado diciendo una frase sin sentido. Me había tragado tres horas de película para al final ver morir a MacQueen. No tenía sentido.

Con el tiempo la volví a ver. Como es lógico entendí el porqué tenía ese final. No me gustaba, pero era lógico. MacQueen en un momento dado deja de ser el cínico individualista y se convierte en alguien que se preocupa por su chica y que se dispone a sacrificar su vida por ella. Toma dicha decisión y apechuga con ella. No muere por el deber cumplido, como le ocurre a Richard Crenna, o porque está en el momento malo y en el sitio equivocado como le ocurre al amigo chino (su muerte recuerda mucho a un determinado momento de “El último mohicano”). En mi opinión el problema de esta película es que es un dramón demasiado largo. Hacia el final sobre todo su ritmo decae bastante. Pero aún así es recomendable verla si no se ha tenido la oportunidad.

El contexto histórico de la película es la época en que China se encontraba en medio de terribles luchas intestinas a causa de la imparable caída de la dinastía Qing. Tras la nueva derrota de la revuelta Boxer, el movimiento nacionalista no desapareció, sino que se hizo más fuerte y con un carácter más modernizador. Sin embargo dicho impulso se marchitó entre las luchas de los señores de la guerra. Tras la Primera Guerra Mundial los pensamientos comunistas encontraron terreno fértil entre las masas chinas. Una nueva guerra civil comenzó. Muchas potencias extranjeras intentaron proteger a sus ciudadanos, entre ellos los USA recurriendo a la Diplomacia de las Cañoneras. Pero el problema se hacía cada vez más grave. Los japoneses estaban en plena expansión. El acontecimiento histórico en el que parece estar basado la novela es el llamado incidente de Panay, aunque este sucedió entre japoneses y norteamericanos.


El director es Robert Wise, uno de los más polifacéticos directores de Hollywood. Es el mismo de “West Side Story”, pero también de “La amenaza de Andrómeda”, “Helena de Troya” o “Ultimátum a la Tierra”. La producción fue filmada en Hong-Kong y Taiwan. La banda sonora es de Jerry Goldsmith y ciertamente realizó un buen trabajo. La historia es la adaptación de una novela homónima. El título en inglés es un juego de palabras con el nombre del barco. En inglés “San Pablo” se pronuncia de manera muy parecida a “Sand Pebbles” (guijarro de arena). Muchos encontrarán bastantes semejanzas entre lo que se cuenta aquí y la guerra de Vietnam. De hecho hay un paralelismo evidente entre esta película y “Apocalypse Now”. Pero resulta que esta película fue estrenada en 1966 y el libro es de 1962. Dicho conflicto aún estaba lejos.

Notable clásico, aunque algo largo.


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jueves, febrero 26, 2009

55 días en Pekín (55 days at Pekin)



Reconozco que le tengo cariño a esta película que vi en mi niñez cuando la tele aún era en blanco y negro. No es la mejor de las películas épicas realizadas en la España de los años 60, pero si por algún motivo oigo la palabra Pekín no puedo dejar de asociarla a la imagen de Ava Gadner con semblante agotado pero aun deslumbrante, Charlton Heston luchando a brazo partido y a David Niven manteniendo la flema británica a pesar de todas las contrariedades.


"55 días en Pekín" nos muestra el épico asedio del barrio diplomático de la capital china que sucedió durante la rebelión de los Boxers. Las semillas de dicha rebelión fueron plantadas en el conflicto comentado en la película "La Guerra del Opio". Tras la derrota, la dinastía Qing no sólo tuvo que acceder a que el comercio de dicha droga se restableciera. También tuvo que permitir el tráfico de occidentales por sus dominios. Al poco tiempo una avalancha de misioneros cristianos comenzó a evangelizar las tierras chinas. No creo ser el único que en su niñez le ponían en las manos una hucha del Domund y le decían que gracias a ese dinero que colectaba se podían bautizar nosecuantos chinitos.

Como es comprensible los chinos no vieron con mucha simpatía esa imposición de costumbres por parte de los bárbaros occidentales. Pero lo cierto es que una cultura milenaria había sido derrotada y humillada sin paliativos por aquellos "bárbaros", así que tampoco debe extrañar que muchos súbditos chinos se sintieran atraídos por dichas costumbres y por sus ideas. Tras la Segunda Guerra del Opio, tanto Gran Bretaña como Francia impusieron la apertura de embajadas en Pekín. Pero eso significó que los chinos también tuvieron derecho a abrir su embajada en dichos países europeos.

Hacia el final del siglo XIX se desató una ola de violento nacionalismo en el norte de China. La punta de lanza de dicho movimiento era la Sociedad de los Puños Justos y Armoniosos. Dicha secta creía que gracias al entrenamiento atlético, la vida ascética y el apego a las tradiciones podían desarrollar unos poderes sobrenaturales que les permitían volar y ser inmunes a las balas. Es curioso notar que esa creencia todavía está muy presente en la actual filmografía china. Para abreviar, los británicos llamaban boxers (boxeadores) a los acólitos de dicha secta amante de los puños.

Inicialmente los boxers odiaban por igual a los occidentales y a la dinastía Qing. Para empeorar las cosas, se permitió que los misioneros estuvieran exentos de algunos impuestos. Algunas de dichas ventajas también se aplicaban a los católicos practicantes. Esta prebenda fue establecida por el gobierno chino con el ánimo de permitir una modernización del interior del país gracias a la labor de los misioneros. Sin embargo muchos vieron que aquello podía desembocar en el establecimiento de colonias occidentales y la disgregación de China. La emperatriz Cixi (a la que da vida la británica Flora Robson) comenzó a apoyar el movimiento boxer y poco a poco el eslogan de estos fue "¡Viva la dinastía Qing! ¡Mueran los extranjeros!". En abril de 1900 las diferentes legaciones diplomáticas pidieron refuerzos militares a sus respectivos países.

En junio de 1900 una fuerza conjunta de boxers y soldados chinos atacó diversas instalaciones occidentales. Los miembros de las embajadas occidentales decidieron fortificar el barrio diplomático de Pekín. El 20 de junio fue asesinado el embajador alemán. El 21 de junio la emperatriz Cixi declaró la guerra a todos los países occidentales y comenzó el asedio de dicho barrio. Bajo el mando del embajador británico Claude Maxwell MacDonald, los occidentales consiguieron resistir un asedio de 55 días. El único armamento pesado del que disponían era un viejo cañón de avancarga británico montado sobre un armazón italiano cuyos proyectiles eran rusos y sus servidores norteamericanos. No es de extrañar que fuera llamado el "cañón internacional". Una unidad que se distinguió fue la fuerza japonesa de 24 marineros bajo el mando del coronel Shiba (interpretado en la película por el director de cine japonés Juzo Itami). Tuvo más de un 100% de bajas. Eso se explica porque muchos de sus miembros fueron heridos, entraron en la lista de bajas, volvieron al combate y volvieron a ser heridos. Durante el asedio ocurrió una catástrofe cultural similar a una ocurrida 1900 años antes. Los chinos prendieron fuego a una zona de viviendas cercanas al barrio diplomático para debilitar las defensas occidentales. Sin embargo el viento llevó las llamas hacia la Academia Hanlin, el equivalente chino de la Biblioteca de Alejandría.


Un breve apunte histórico. En la película sale la embajada española y el embajador español es interpretado por Alfredo Mayo. Mucho crítico progre cree que es una concesión al régimen de Franco pero lo cierto es que España tenía una embajada en Pekín. El embajador era Bernardo Cólogan y Cólogan y era el decano del cuerpo diplomático. Negoció el tratado y fue el primero en firmar los acuerdos con el gobierno chino. Además, el productor Samuel Bronston no era tonto. Si filmas en España lo más inteligente que puedes hacer es tratar bien a los anfitriones. Mucha gente del cine de este país comía gracias a las películas americanas.

Las potencias occidentales no habían permanecido ociosas. Desde mayo de 1900 formaron la Alianza de las Ocho Naciones y comenzaron a realizar planes para marchar sobre Pekín. Se vieron favorecidos por el hecho de que algunas provincias no se unieron a la emperatriz Cixi. De todas formas su avance se vio entorpecido inicialmente por la feroz resistencia boxer. Pero tras aumentar sus efectivos consiguieron derrotar a los chinos. El 14 de agosto llegaron a Pekín.

La película no nos muestra lo que ocurrió después. Los contingentes occidentales se dedicaron a la represión de los boxers, pero de camino saquearon todo cuanto pudieron. El contingente alemán se caracterizó sobre todo por cumplir la orden del Kaiser Guillermo de comportarse como los hunos para que nunca más un chino mire de manera desafiante a un alemán. China tuvo que pagar una gran cantidad en indemnizaciones y aunque la emperatriz Cixi permaneció en el trono, las diferentes potencias extranjeras la convirtieron en una marioneta. Sin embargo Rusia y Japón pretendieron anexionarse diversas zonas de Manchuria y aquello conduciría a la guerra Ruso-Japonesa. Por supuesto, el odio hacia el extranjero no desapareció y el nacionalismo chino simplemente evolucionó prescindiendo del mandarinato.

Volviendo a la película, esta es famosa porque acabó con la carrera del director Nichola Ray. Éste llegó a sufrir un ataque al corazón después de una acalorada discusión con el productor, Samuel Bronston. Para la película se llegó a reproducir, incluyendo las cloacas, a toda la Ciudad Prohibida de Pekín en los estudios cinematográficos del pueblo madrileño de Las Rozas. Muchos de los fastuosos trajes chinos de la corte eran los originales que habían sido adquiridos por una familia florentina tras el colapso de la dinastía Qing. Como extras se contrató prácticamente a todos los emigrantes chinos que había en España, que eran unos 2.000 y que casi todos ellos trabajaban en restaurantes.

También fueron famosas las disputas entre Ava Gadner y Charlton Heston. En esos días, la Gadner estaba deprimida tras su tormentosa relación con el torero Luis Miguel Dominguín y raro era el día que no bebía de más. Solía olvidar los diálogos y llegó a ser tan complicado trabajar con ella que se decidió matar a su personaje en lugar de permitir el típico "happy-end" con beso final entre los protagonistas. Pero sin duda lo mejor de la película son las escenas del asedio y los combates para rechazar a las hordas de fanáticos chinos. La mayor parte de ellas fueron dirigidas por Guy Green y Andrew Marton, pues Nicholas Ray intentó dar a la cinta un toque más melodramático. Bronston pensaba que lo que el público demandaba era espectáculo y eso era lo que les iba a dar. Sin embargo se equivocaba. La película no funcionó bien en taquilla, y en mi opinión eso se debe a que falló el elemento melodramático. Adicionalmente, no ha envejecido bien y hoy en día es una película de una absoluta incorrección política. De todas formas es una de esas películas épicas que cualquier amante del cine clásico está obligado a ver al menos una vez. Muy probablemente la disfrutará.

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miércoles, febrero 18, 2009

La Guerra del Opio (Yapian zhanzheng, 鸦片战争)



En julio de 1997 expiró el mandato británico sobre el puerto chino de Hong-Kong. Entre los diferentes fastos que organizó el gobierno chino se encontraba la producción de esta película que narraba los hechos conocidos como la Primera Guerra del Opio y que condujeron al establecimiento de dicha colonia. Costó 15 millones de dólares y fue la película china más cara filmada hasta la época. Una minucia si las comparamos con los 200 millones de "Titanic".


Lo que más sorprende de "La Guerra del Opio" es que es bastante imparcial alejándose de las típicas películas de propaganda que la habían precedido. Es cierto que arrima un poco el ascua a su sardina, pero muchísimo menos de lo que cabría esperar teniendo en cuenta quién la financiaba. Los británicos no salen retratados como unos diablos-extranjeros-explotadores-inmisericordes-de-los-pobrecitos-chinos. En su mayor parte son retratados como unos mercaderes de la droga del siglo XIX que no dudan en pedir el apoyo militar de su país para llevar a cabo sus negocios, pero también salen las discusiones en el parlamento británico y las protestas por la injusticia que supone el iniciar una guerra por mantener el tráfico de una droga.



En realidad, hubo dos Guerras del Opio. La primera ocurrió entre 1839 y 1842. La segunda entre 1856 y 1860. Pero el conflicto se gestó en el siglo XVIII. En esa época el Imperio Británico actuó como un auténtico narcoestado. China seguía una política económica tremendamente proteccionista. Exportaba té, seda, porcelana y especias. Pero sólo aceptaba como pago lingotes de plata. Esto comenzó a causar graves problemas a la economía mercantilista británica. Los bienes ingleses no eran deseados por los chinos, tan sólo la plata. Así que Inglaterra se puso a buscar otro tipo de mercancía que equilibrase la balanza. Y lo que hizo fue comenzar a exportar opio de contrabando desde la India. El opio era usado como medicina por los chinos, pero los ingleses eran conscientes de que producía adicción. Los británicos aplicaron la regla número uno del capitalismo salvaje: el mejor mercado es el mercado esclavo. De esa forma dieron la vuelta a la balanza. En 1729 el problema del número de adictos era tan grave que el emperador proclamó un edicto prohibiendo la venta y consumo de opio. Pero la corte estaba en el norte, bastante alejada de sus provincias fronterizas con la India y de los puertos del sur. En 1730 la cantidad de opio exportada era de 15 toneladas. En 1838 el contrabando superaba las 1.400 toneladas.


Ese mismo año el mandarinato confió el asunto a Lin Zexu nombrándole Gobernador de las provincias de Hunan y Hubei. Éste acabó con los funcionarios corruptos y cerró los puertos a todo tráfico comercial británico hasta que se parase el contrabando del opio. Confiscó el opio que encontró en los barcos británicos anclados en puertos chinos y lo destruyó. En 1839 llegó a enviar una carta a la Reina Victoria reprochándole que el comercio británico se basara en el tráfico de una droga ilegal dañina para la salud. Cuando los ingleses tuvieron noticias de la destrucción del opio mandaron un ejército anglo-indio apoyado por una flota que incluía barcos a vapor. El 23 de agosto tomaron el pequeño puerto de Hong-Kong como base avanzada en la desembocadura del río Zhu Jiang. Un año después tomaron la ciudad de Cantón y controlaron así el Zhu Jiang. Los diversos intentos chinos de reconquistar el terreno perdido fueron detenidos. A mediados de 1842 los británicos lanzaron una expedición contra Shangai y así controlar el río Yangtze. La superioridad técnica fue tan aplastante que los chinos fueron derrotados rápidamente. En agosto de 1842 se firmó el tratado de Nanjing por el que China no sólo debía de permitir el tráfico de opio, sino que además se vio forzada a pagar una indemnización y a ceder Hong-Kong a los británicos. El mandarinato hizo que Lin Zexu fuera el cabeza de turco y lo envió al exilio.


Lo más destacable de la película es que cuida bastante el aspecto histórico aunque a veces resulta algo confusa, sobre todo si el espectador no está familiarizado con la historia y geografía chinas. No habría estado mal si hubiera sido un documental dramatizado. Pero se supone que no es un documental, sino una película para el disfrute del público. Y en ese sentido tiene el defecto de que es bastante plana y aburrida. Se intenta asombrar al espectador con algunas escenas de masas y con espectaculares tomas al estilo de "El último emperador", pero no pasan de ser meros fuegos de artificio. Lo cierto es que tiene un peculiar aroma a película de los años 50 o 60. En las producciones occidentales de esa época, los japoneses solían ser interpretados por chinos y los pieles rojas por mejicanos. Bueno, pues en esta los ingleses parecen interpretados por rusos o alguna etnia similar, porque tiene el aspecto menos "británico" que yo jamás haya visto (ver el video de la toma de Dinghai).


Para frikis de la historia colonial británica.



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