
Blog dedicado al cine de guerra ambientado en cualquier época de la historia (o también Cine histórico y bélico). Podemos encontrar desde películas ambientadas en la IIGM, hasta la Edad Antígua, Edad Media, Napoleón, etc.
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lunes, noviembre 16, 2009
Alfredo el Grande (Alfred the Great)

miércoles, noviembre 11, 2009
Ricardo III (Richard III)

Como en "Enrique V", Olivier volvió a realizar la película como si fuera la representación de una obra de teatro, salvo la parte culminante de la batalla de Bosworth, que fue filmada al aire libre en tierras manchegas. Pero en esta obra Ricardo es el opuesto absoluto a Enrique, pues donde antes había nobleza ahora hay absoluta villanía. Además, Olivier introdujo una novedad. Su personaje de Ricardo está constántemente dirigiéndose a la audiencia para explicar sus planes, dobleces y traiciones. Con ello se consigue que el espectador se convierta en complice de la trama y que incluso comprenda la psicología y motivaciones del personaje. Podemos encontrar un ejemplo actualizado de dicha forma de interpretación en la serie televisiva "Dexter".
La historia está ambientada en la parte final de la guerra civil inglesa conocida como Guerra de las Rosas. Comienza con la ceremonia de coronación del rey Eduardo IV, y desde ese mismo momento vemos a Ricardo conspirar para hacerse con el trono. Ricardo es un ser deforme cuyo físico refleja su maldad, aunque ésta es desconocida para aquellos que le rodean. Para conseguir su objetivo no dudará en engañar, traicionar, seducir, adular e incluso asesinar a su hermano y a sus sobrinos. Por lo que se sabe, el auténtico Ricardo III no era mucho más malvado o noble que cualquier otro gobernante de la época, y ni siquiera estaba tullido o deforme. Pero la propaganda de la casa de Lancaster fue bastante efectiva a la hora de dejar un cuadro negativo de dicho personaje para la posteridad. Y debemos reconocer que Shakespeare hizo un buen trabajo con su leyenda.
Como he indicado antes, Olivier encarna a un magnífico villano en su ascenso al poder y posterior caída. Es retorcido, carente de escrúpulos, implacable, ambicioso, y valiente. Creo que es precisamente esa última cualidad lo que le hace grande dentro de su maldad. Es posible pensar que su famosa frase - ¡Un caballo! "Mi reino por un caballo! - muestre la cobardía final del personaje. Pero yo lo dudo. Tengamos en cuenta que sólo lo dice cuando ve todo perdido tras la traición de Lord Stanley, y a pesar de ello sigue combatiendo hasta el final muriendo con la espada en la mano (Sí, lo reconozco, esa escena final está demasiado teatralizada). Y Shakespeare no podía mostrar como un cobarde a un rey inglés, por muy vil asesino que fuera.
Aunque la obra recoge diversos acontecimientos históricos como es el asesinato de su hermano, el Duque de Clarence, la desaparición de los príncipes, o la caída en desgracia de Buckingham, el evento más importante es la Batalla de Bosworth. La recreación es bastante buena si consideramos el vestuario y tenemos en cuenta que está realizada en los años 50, aunque la dehesa manchega no se parece mucho a la campiña inglesa. Lo más destacable es como se van disponiendo las distintas tropas según Ricardo va explicando el plan de batalla realizando un croquis en la arena. Como la batalla fue filmada en España hay una curiosa anécdota. El pintor Salvador Dali realizó un retrato de Laurence Olivier caracterizado como Ricardo III. El actor guardó dicho retrato hasta que tuvo que venderlo para pagar los estudios a su hijo.
Si no al cielo ¡de la mano todos al infierno!
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Película entera en Google Video
sábado, octubre 31, 2009
Enrique V (Henry V)

Parece ser que fue el propio Winston Churchill el que convenció a Olivier de que se encargara del proyecto. Desde el principio se tuvo claro de que debía de ser una película con un marcado carácter propagandístico. El pueblo inglés estaba en su cuarto año de guerra, las cosas en Italia no iban muy bien, las penalidades y el racionamiento estaban haciendo mella. Por ello, parte de los gastos de producción fueron cargados al erario británico. Se realizó un considerable esfuerzo económico para realizar la película. Fue filmada en technicolor, y se aprovechó el 75% del material filmado (eso si que es ahorrar). Asimismo, como el metal era escaso, las cotas de mallas fueron imitadas con lana teñida de gris. Otra curiosidad es que no fue filmada en Gran Bretaña, sino en Irlanda y los extras fueron soldados del ejército irlandés. Y finalmente, Olivier firmó un contrato en el que se comprometía a no salir en ninguna otra película durante 18 meses para así animar a la gente a ir a ver este film. A cambio recibió 15.000 libras esterlinas libres de impuestos (casi medio millón de hoy en día). El fisco británico le demandó por ello ya que consideraba que había sido un ganancia por ejercer su profesión, pero el juez le dio la razón al actor arguyendo que había sido pagado precisamente para evitar que trabajara, por lo que no podía considerarse una ganancia.
Olvier realizó una gran adaptación de la obra de Shakespeare. La película comienza recreando el Globe Theatre donde el espectador parece que va a asistir a la representación de la obra en el escenario. Los decorados se basaron en los dibujos medievales de los manuscritos conocidos como "Libro de las Horas". Pero poco a poco vemos que va adquiriendo un estilo más cinematográfico y realista hasta que culmina en la recreación al aire libre de la Batalla de Agincourt. Después de dicha batalla la obra vuelve a recuperar gradualmente el tono de representación teatral hasta que finaliza con el aplauso del público en el Globe Theatre.
Si obviamos el tono propagandístico, la obra de Shakespeare sigue de manera bastante fiel las andanzas del rey Enrique V durante su campaña de 1415 en medio de la Guerra de los Cien Años. Hay dos episodios bélicos principales. El primero es el Asedio del puerto Harfleur. Allí Enrique lanza la primera arenga a sus desanimadas tropas que han sido rechazadas en los muros de la fortaleza. Tras dicha arenga se lanzan al asalto final. En realidad, la ciudad se rindió tras más de un mes de asedio, y las tropas inglesas no sufrieron bajas por parte de las armas francesas, sino por culpa de la disentería. Tras la caída de la ciudad, el diezmado ejército inglés se puso en camino a Calais pero el ejército francés le interceptó.
El segundo de los episodios es la famosa Batalla de Agincourt. Contra todo pronóstico, el debilitado ejército de Enrique derrotó a un ejército francés seis veces mayor. Aquí encontramos la famosa escena del discurso del día de San Crispín. En la película se muestra a los arqueros ingleses aniquilando a la innumerable caballería francesa con sus flechas. Los estudios actuales muestran que la derrota se debió a otras causas. Ciertamente el arco inglés era un arma bastante efectiva, pero no tanto como para perforar cualquier armadura, sobre todo la de los caballeros. Adicionalmente, una gran parte de los franceses no cargaron a caballo, sino a pie. Al parecer se combinaron una serie de circunstancias que culminaron en el desastre. Por un lado el fango dificultó enormemente el avance. Por otro lado el terreno causó que las fuerzas francesas se embotellaran debido a un efecto embudo. Al parecer las filas de vanguardia se empaquetaron de tal manera que los caballeros no podían moverse. Algo parecido a lo que sucedió en la Batalla de Cannas con los romanos.
La película fue estrenada en Londres el 12 de julio de 1944, en plena batalla por Normandía. Para evitar susceptibilidades se eliminaron algunos de los textos de la obra original de Shakespeare. Así por ejemplo Enrique no amenaza a los habitantes de Harfleur con violaciones y destrucción si no se rinden, y se suprimió la frase final lamentando la perdida de Francia con Enrique VI. También desapareció la escena en la que Enrique se ve forzado a ajusticiar a unos soldados de su ejército, entre ellos un amigo suyo, para dar un escarmiento. Es una pena, porque al eliminar los aspectos oscuros hace que la obra sea demasiado maniquea, lo que causa que haya envejecido un poco mal. De todas formas la cinta fue todo un éxito de taquilla, y animó a Olivier a intentar adaptar para la pantalla otras obras del bardo.
Cine clásico en estado puro.
sábado, octubre 24, 2009
Las Cruzadas (The Crusades)

- Inicio de la película y secuencia Silk, Swords and Saladin
jueves, octubre 15, 2009
Stalin
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"Stalin" es el único biopic dedicado por entero al infame dictador comunista. Se trata de una producción de la HBO de casi tres horas de duración. Robert Duvall fue el encargado de dar vida a Josef Stalin, y acompañándole encontramos a Julia Ormond en el papel de Nadya Allilulyeva, a Maximillian Schell encarnando a Lenin y a Jeroen Krabbé como Bukharin. Hay otros rostros conocidos de series norteamericanas intepretando a los diversos personajes protagonistas de aquellos terribles años como fueron Trosky, Voroshilov o Beria.
Aunque el telefilm abarca desde la juventud de Stalin hasta su muerte, la mayor parte del mismo está dedicada al período comprendido entre los años 1920 y 1940. Es decir, todo lo que significó su llegada al poder y su posterior mantenimiento en el mismo. La historia está contada tomando como base los recuerdos de Svetlana, la hija de Stalin. Veremos así las intrigas para conseguir su ascenso al poder, el exilio de Troski, la muerte de Nadya, sus relaciones con sus hijos, el asesinato de Kirov y las diversas purgas que provocó para eliminar a todos aquellos que, o bien se le opusieron, o bien le apoyaron alguna vez pero habían dejado de ser útiles. Destacaría una frase que resume bastante bien lo que significó el stalinismo y en que acabaría convirtiéndose. ¿Crees qué no lo se? Stalin lo sabe todo.
Esta miniserie fue galardonada con varios premios, incluido un globo de oro a Robert Duvall por su interpretación. Lo cual me hace pensar que los candidatos de aquel año no debieron de ser muy buenos. El Stalin de Duvall es flojísimo. El principal handicap es que la mitad de la película está dedicada al período en el que Stalin estuvo casado con Nadya, cuando tenía entre 40 y 50 años. Y Duvall tenía 60 años cuando realizó el papel, por lo que se nota mucho el kilo de maquillaje, el peluquín y el falso mostacho que lleva. Su aspecto no desentona tanto cuando representa al Stalin post-IIGM, pero esa parte son tan sólo los 20 minutos finales de la película. En mi opinión el mejor Stalin de la pantalla es el cerdo Napoleón de "Rebelión en la Granja".
Adicionalmente la serie tiene el defecto de intentar abarcar mucho en muy poco tiempo. Hay aspectos sobre los que pasa totalmente de puntillas, cuando no se obvian por completo. Así, brillan por su ausencia cualquier referencia a la Guerra Civil Española, a la Guerra de Invierno, al pacto con Hitler, o a la invasión de Polonia. Y en cuanto a su papel durante la Segunda Guerra Mundial, se reduce a la crisis nerviosa que sufrió durante los primeros días de la operación Barbarroja y su posterior recuperación. El resto de la IIGM son imágenes de un documental con el avance de los tanques soviéticos. De hecho, el mariscal Zhukov ni siquiera sale.
Otra cosa que me gustó bastante poco fue el infantil maniqueísmo que tiene. Es cierto que Stalin era un tirano desalmado y mostraba muy poco cariño hacia sus retoños y que sus secuaces eran en su mayor parte unos pelotilleros ansiosos por medrar, aunque Molotov no era tan estúpido como lo representan. Pero lo que no parece tan creíble es que aquellos que se oponían a Stalin, como Troski, Kirov o Bukharin, fueran tan bondadosos e idealistas como los pintan. Incluso Lenin es representado como una especie de santo varón que sólo buscaba el bien de todos. En mi opinión aquello fue un régimen en el que se dio una competición entre diversos personajes, cada cual más corrompido y rastrero, y el más despiadado fue el que ganó.
En el lado bueno de la serie destacaría su ambientación y que resume bastante bien lo que fue el establecimiento del estalinismo, sobre todo en el aspecto de las purgas. También me gustó la forma de representar a Stalin como una especie de ser paranoico que desconfía de todos y que atemoriza a todos. Y como éste consigue apoyarse en un determinado momento sobre unos personajes apelando a sus ambiciones para luego traicionarles y deshacerse de ellos.Merece la pena verse por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta.
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viernes, octubre 02, 2009
El Gran Dictador (The Great Dictator)

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La crítica de von Kleist
La crítica de Steiner
"El Gran Dictador" en CineHistoria
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- Discurso final en inglés
domingo, septiembre 27, 2009
Hitler: el reinado del mal (Hitler: the Rise of Evil)

Probablemente no soy el único que siente una mezcla de fascinación, curiosidad y perplejidad cuando estudia el período histórico que culminó en la llegada de Adolf Hitler al poder. El nacional-socialismo no fue la primera, ni por desgracia la última, ideología totalitaria en llegar al poder de una nación. Sus primos-hermanos, el comunismo y el fascismo, lo habían hecho antes; el primero por la fuerza de las armas tras una guerra civil, el segundo tras aprovechar las debilidades del sistema democrático para dar un golpe de estado. Ese último fue el método empleado por Hitler. Tampoco fue muy original en su forma de mantenerse en dicho poder: alienar a la sociedad en torno a un objetivo común anulando las libertades individuales, instaurar un estado policial y practicar una política expansiva hacia el exterior. En lo que fue “original” el nazismo es que llegó al poder con un personajillo como Hitler en una de las sociedades más avanzadas de mediados del siglo XX y que casi consigue llevarla a la edad de piedra en tan sólo 12 años.
Esperaba ver en esta película cómo fue posible que alguien que era un aspirante a pintor, sin estudios superiores, cuyo principal mérito es que había sido héroe de guerra, pudiera llegar a ese puesto y en esa nación. Porque cuando se compara al tío Adolfo con otros dictadores de esa época encuentra sustanciales diferencias. El tío José llegó al poder como resultado de una lucha interna dentro del PCUS, pero ese partido ya estaba mandando en la URSS. El tío Paco era general y había llegado tras ganar una guerra civil. El que más se le parece es el caso del tío Benito, pero éste tenía estudios, era periodista, y tuvo experiencia política antes de que tomara el poder. Adolfo en cambio llega utilizando una estrategia basada en ser un ídolo de masas utilizando los más modernos medios de comunicación de la época, fundamentalmente la radio y el cine. Fue un auténtico líder mediático. En opinión de Charles Chaplin, Hitler era uno de los más grandes actores porque sabía dar al público lo que éste le pedía. Manejaba a las masas como un artista, y no como un político. Viendo las cintas de los mítines y ceremonias nazis uno piensa que hay mucho de verdad en esa aseveración.
Ciertamente la película explica de manera bastante detallada los pasos que van a llevar a Hitler al poder. Veremos su fracaso para entrar en la escuela de arte, su participación en la Primera Guerra Mundial, su introducción en la política, el putsch de Munich, su encarcelamiento, sus relaciones sentimentales, y finalmente la toma del poder. Todo eso esta ahí, es la historia del "Hitler demagogo", de la formación del líder de masas que volvió loca a la llamada kulturnation. Pero la película es defraudante. Cuando termina se tiene la sensación de que se ha visto un documental dramatizado bastante mediocre a pesar del elenco de actores.
Uno de los motivos es que Robert Carlyle no hace un buen Hitler. Si hay una cosa en la que todos los estudiosos del nazismo coinciden es que Adolf era capaz de mesmerizar a las multitudes. Sin embargo cuando uno ve a Carlyle dar su primer mitin en una cervecería lo primero que piensa es que si Hitler hubiera hablado, le habrían echado monedas. El Hitler de Carlyle es demasiado histérico para ser tomado en serio. Esa histeria es la esperable en el Hitler de 1944, no en el de 1920 o el de 1930. Carlyle no es el único actor que no da la talla. El resto del reparto parece competir con él en demostrar que lo pueden hacer peor. Ernst Röhm es interpretado por Peter Stormare, que se parece a dicho personaje tanto como un huevo a una castaña. Algo similar ocurre con el personaje de Ludendorff, que es representado como un estúpido ignorante pelele manejado por Hitler. Otros rostros conocidos son Julianna Margulies (Helene Hanfstaengl), que no consigue desencasillarse de su papel de enfermera en la serie ER, Liev Schreiber (Ernst Hanfstaengl), Matthew Modine (Fritz Gerlich) y Peter O’Toole penosamente maquillado como canciller Hindenburg. Para rematar el desastre, personajes esenciales para entender el nazismo como Goebels, Hess o Goering son reducidos a meros comparsas anecdóticos, !Y Himmler ni siquiera aparece!
El segundo motivo es el maniqueísmo infantil de la cinta. Inicialmente se pensó en realizar una recreación lo más fiel posible a la historia y para ello se contrató al historiador Ian Kershaw como asesor. Pero éste abandonó el proyecto ante la gran cantidad de inexactitudes, cuando no auténticas falsedades, que tenía el guión. Y es que al parecer los productores tenían muy claro que si Hitler fue la encarnación del mal sobre la tierra, debía de serlo desde la niñez. No podía haber realizado actos buenos en ningún momento de su vida. Todo en él debía de haber sido malo o perverso. Así le vemos golpear cruelmente a su perro, cuando está comprobado que era un gran amante de los animales. Por supuesto la Cruz de Hierro de primera clase se la gana porque es un pesado con su coronel de origen judío al que no para de decirle -¡Me la ha prometido! ¡Me la ha prometido!- ¿De verdad hay alguien que se crea eso? La Cruz de Hierro es una condecoración al valor que no se daba a cualquiera (y mucho menos en plena IGM). Hitler fue condecorado dos veces y la Cruz de Hierro de primera clase sólo se daba por actos de gran valor. Hitler realizó dos actos de valentía, nos guste o no.
El resultado es que Hitler es representado como un tipejo despreciable, rencoroso y solitario (que para eso es "el malo" por si no nos ha quedado claro). En la escena de los mítines en la cervecería incluso se le ve escupir, cuando se sabe que era exageradamente pulcro. Por lo que no se puede evitar pensar que si hubiera sido una persona con esa falta de carisma y con la mitad de antipatía que se muestra en esta producción, estoy seguro de que no sólo no le hubieran dejado hablar, es que dudo mucho que le hubieran dejado entrar en cualquier cervecería de Munich. En el resto de la cinta, Carlyle se esfuerza en mostrar lo malo y retorcido que era Hitler. No sentía compasión por nadie, utilizaba a todo el mundo, era abstemio y no fumaba como si fuera un fanático religioso (en realidad bebía, aunque poco). Y sobre todo, gritaba, gritaba y gritaba, tanto en público como en la intimidad. Así que nuevamente te preguntas ¿Cómo un tipo así tuvo tantos seguidores?
Resumiendo. Mejor verse un documental como “Nazis, un aviso de la historia” a esta miniserie.
- Inicio (a partir de aquí pueden encontrarse el resto de enlaces)
viernes, septiembre 18, 2009
El Hundimiento (Der Untergang)

Bruno Ganz realizó un trabajo previo de cuatro meses para meterse en la piel de Hitler. La piedra angular de su interpretación se basó en una grabación de una conversación privada de Hitler con Mannerhein. Era el 4 de junio de 1942 y se celebraba el 75º cumpleaños del finés por lo que Hitler realizó una visita de cortesía. Un técnico de la radio finlandesa llamado Thor Damen, grabó 11 minutos de conversación sin que Hitler se diera cuanta. Según palabras de Ganz, Hitler tenía un característico acento austriaco y una voz suave y atractiva, de un barítono tranquilo. Intenté capturar eso. Sin embargo, otros definen su tono y expresiones como las pertenecientes a alguien de la clase trabajadora y al que le gusta dar monólogos sin esperar ninguna respuesta. Incluso llega a pronunciar incorrectamente el nombre de la capital finlandesa (dice Helsinski en lugar de Helsinki). Lo que más le fascinó a Ganz no era que Hitler fuera apoyado por el pueblo alemán, es que era amado por dicho pueblo. A pesar de sus esfuerzos al final acabó reconociendo que como actor no podía llegar al corazón de Hitler, porque no lo tenía.
Volviendo a la película que nos ocupa, lo que la distingue de las demás producciones es que no sólo cuenta lo que sucede en el interior del führerbunker, sino que da una visión mucho más general de lo que debió ser la Batalla de Berlín. Así aparecen personajes cuya relación con Hitler es casi anecdótica, como el doctor Schenk o la del hitlerjugen Peter Granz, pero cuyas historias particulares reflejan las miserias del pueblo alemán en aquellas terribles horas. Los otros dos personajes, además de Hitler, sobre los que gira la película son dos mujeres: Traudl Junge y Magda Goebels. Las entrevistas a una anciana Traudl Junge que se ven al principio y al final son las que sirven al espectador de enlace con aquel período histórico y como una forma de evitar que dicho espectador sienta alguna simpatía por Hitler. Junge confiesa que ella llegó a sentir devoción por Adolf Hitler en su juventud pero que el tiempo le había permitido ver el horror que había significado su gobierno. Magda Goebels representa precisamente lo contrario. Alguien con una capacidad de devoción/autodestrucción tan grande que no duda en inmolar a su descendencia cuando ve que todo se ha perdido. La secuencia en la que asesina a sus hijos es sin duda una de las más turbadoras de la película. El espectador sabe que lo que está viendo ya ha pasado, pero aún así espera que suceda algo que lo evite.
Pero sin duda la película es famosa por la polémica que generó. La interpretación de Ganz fue sobresaliente, equiparable a la de Alec Guinnes, y nos muestra un Hitler que no era el típico loco megalómano chillón de otras producciones. Al igual que el representado por Guinnes, el Hitler de Ganz también muestra un lado humano e íntimo, aunque a diferencia del actor británico, en esta ocasión no hay mezquindad ni maldad encubierta. Se muestra amable con el servicio y atento con sus amigos como los Goebels. Incluso es capaz de perdonar errores sin importancia. Estamos frente a un personaje enfermo y patético, del que probablemente sentiríamos lástima si no supiéramos que es el responsable de tanta destrucción y miseria. Y esto fue precisamente la causa de la polémica. El periódico sensacionalista Bild llegó a preguntarse si ¿Debemos permitir representar al monstruo como un ser humano? temiendo que la película animase a los neo-nazis. El director Wim Wenders incluso llegó a afirmar que se glorificaba a Hitler. Personalmente opino que la polémica tenía algo de artificial. Hitler era un ser humano, y lo que demuestra su historia es lo bajo que pueden llegar algunos miembros de nuestra especie.
A mí me gusta más la interpretación de Guinnes en "Hitler: los últimos diez días", pero reconozco que en su conjunto, "El Hundimiento" es mejor película.
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- Secuencia de "Der letzle Akt"
- Primera parte de "El Hundimiento" (en este enlace puede encontrarse el resto)
sábado, septiembre 12, 2009
El Bunker (The Bunker)

domingo, septiembre 06, 2009
Hitler, los diez últimos días (Hitler: the last ten days)

Lo mejor de "Hitler, los últimos diez días", y el motivo principal por el que merece la pena verla, es la interpretación que realiza Alec Guinnes de Adolf Hitler. Aunque esta recreación no es la más fiel a la historia como la reciente “El hundimiento”, si está considerada por muchos como la mejor interpretación dramática del funesto personaje.
Esta co-producción italo-británica proclama en sus títulos de crédito que es una reconstrucción fiel de los hechos que acontecieron dentro del führerbunker entre el 20 de abril, cumpleaños del tío Adolfo, y el 30, fecha en la que se suicidó, tal y como fueron recogidos en las memorias del Rittmeister Gerhard Boldt. Curiosamente, el personaje de Boldt se mantiene en la película pero sus actos son realizados por el ficticio capitán Hoffman (Simon Ward). Se nota que se trata de una producción de bajo presupuesto, con actores británicos e italianos de segunda fila en su mayor parte, siendo el más conocido de ellos Adolfo Celi (el malo de “Operación Trueno”) dando vida al general Krebs. Pero hay que reconocer que la reconstrucción del bunker es muy buena, aunque no parezca muy difícil simular unas paredes de hormigón, y la historia está contada de manera eficaz y convincente.
Guinnes estaba muy orgulloso de su interpretación. En esos años su carrera no estaba pasando por un buen momento y el trabajo escaseaba, así que este papel protagonista le vino como llovido del cielo. Históricamente, Hitler pasó sus últimos días completamente deprimido y sedado, con algunos ataques de ira. El Hitler de Guinnes en cambio es mucho más activo y despierto de lo que debería esperarse. Está acorralado, pero sin embargo vemos que aún mantiene esperanzas en la victoria y es capaz de explotar en una serie de rabietas incontrolables cuando la realidad no coincide con sus deseos. Guinnes nos muestra al Hitler que todos esperamos ver. Un tirano que se cree un genio militar dando órdenes sobre los mapas mientras abronca a sus generales, y un genio artístico planeando edificios de la futura capital del Reich de los mil años dispuesto a que se haga verdad el dicho “después de mí, el diluvio”. Guinness fue el primer actor que se arriesgó en mostrar un lado humano e íntimo del dictador, aunque por supuesto ese aspecto incrementa la mezquindad del personaje. Es magistral la escena en la que Guinnes pide que le cuenten como van a morir los demás cuando él se haya suicidado como si estuviera discutiendo sobre las preferencias de una comida o de otra. O la cicateria mostrada al decir que él ya se ha reservado gasolina para su cremación y que los demás deberían darse prisa para hacer lo mismo. O aquella en la que juega con las maquetas de los edificios del Berlin soñado como capital del Reich de los mil años.
Al igual que en la película “Liberación”, volvemos a ver escenas en blanco y negro, mezcladas con escenas en color. Pero esta vez es para realzar el contraste entre lo que sucede fuera del fuhrerbunker con lo que sucede dentro de sus paredes. La “realidad” del fuhrerbunker está rodada en color, para acercar al espectador las fantasías de Hitler sobre una Alemania que aún podía triunfar. Sueños que terminan bruscamente con el blanco y negro de lo que sucede de verdad en el exterior del bunker.
Como ya he dicho, la película reclama una exactitud histórica que mantiene bastante bien en general. Es de destacar la introducción inicial a base de imágenes de documentales y los títulos de crédito con un mapa de Europa y la música de Wagner sonando, para poner en situación al espectador y así llegar al 20 de abril de 1945. Las recreaciones de los acontecimientos más conocidos están bastante bien realizadas. Así veremos el famoso ataque de nervios del día 22 de abril (en la película es el 23) tras echar la bronca a Jodl, Keitel, Bormann, Krebs y Burgdorf. Otros momentos históricos son el intento de tomar el poder por parte de Goering y la llegada del mariscal del aire von Greim y su amante Hanna Reitsch. Y por supuesto el fusilamiento del cuñado de Eva Braun. Aunque en otras situaciones dicha exactitud histórica no se respeta. Por ejemplo, no aparecen ni Himmler, ni Goering, a pesar de que ambos asistieron al cumpleaños de Hitler. Tampoco sale ninguna de las numerosas conversaciones entre Hitler y Albert Speer, porque este personaje tampoco aparece, aunque si se discute la orden de destruir las infraestructuras ya que Hitler opinaba que el pueblo alemán no merecía sobrevivir a su muerte (La Naturaleza es cruel, así que yo también debo ser cruel). Finalmente tiene algunas “chapucillas” que si se hubieran corregido habrían dado un toque de mayor calidad a la película. Una de esas “chapucillas” es que las canciones que se cantan son en inglés y no en alemán. Llama mucho la atención ese detalle en la escena en la que los hijos de Goebels cantan a Hitler el tema “El pequeño Hans”, la canción que se escucha en “La cruz de Hierro”. Ahora, lo peor en mi opinión es el personaje de Eva Braun. La actriz Doris Kunstmann le da un aire tan frívolo y estúpido que es difícilmente creíble. Pero en líneas generales, la recreación de los últimos días es bastante notable.
Hay una escena que me gustó bastante y en la que no interviene Alec Guinnes. Es aquella en que Hanna Reitsch pregunta a una de las secretarias “Esa fraulein Braun, ¿ella y el Fuhrer son...?”. Y tras asentir la secretaria, comenta escandalizada “Si es una burguesa, no parece una nacional-socialista”. Tras enterarse de que además llevan diez años juntos, desilusionada dice: “Y pensar que yo creía que estaba por encima de esas cosas. Sexo.” En tan sólo una secuencia de 30 segundos hemos visto como una persona alienada que apoya a un régimen totalitario y que a deificado a su líder supremo, se da cuenta de que éste es como cualquier otro ser humano al que le van las faldas.
Una nota curiosa. En uno de los diálogos de la película, Hitler dice que Alemania será grande cuando Wagner pueda ser interpretado por un reparto de actores alemanes completamente desnudos. Desconozco si la cita es histórica, pero si observamos las últimas tendencias de la ópera, dichas palabras suenan extrañamente proféticas.
Una película esencial para aquellos que les guste Alec Guinnes y una pequeña joya para los aficionados al cine bélico.
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